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Casa Rural El Lunchón

Toda la esencia de la arquitectura común herreña se concentra en esta idílica casa. Lo que nos encontramos cuando llegamos a El Lunchón es justo lo que esperábamos de ella. Y lo cierto es que no defrauda. Su emplazamiento resulta inmejorable y desde allí se puede disfrutar de un paisaje casi único. El viajero que llega a esta casa tiene una sensación lógica de plenitud, porque es consciente de que lo tiene todo: montaña y mar. Rodeado de una naturaleza incomparable, podemos gozar del último rayo de sol que llega Europa y de los atardeceres más deslumbrantes. La historia aporta también a este alojamiento su grano de arena. Hablamos de una casa construida a principios del siglo XIX por el tatarabuelo del propietario. La estructura de la casa destila antigüedad y belleza a partes iguales. Su cocina es espaciosa, con colores alegres, vivos. Los dormitorios lucen un mobiliario neo-rústico, sencillo, alejado de toda pretensión. En sus techos dominan las vigas de madera y en sus paredes, la piedra vista. La estancia principal se asienta sobre la antigua bodega. También dispone de terraza desde la que se puede divisar, como si de un palco se tratase, las maravillosas vistas del Valle de El Golfo. Mención especial merecen también el baño, con un toque retro muy conseguido, todo un guiño a la época decimonónica en la que fue concebida la casa. El jardín del edén a los pies del Atlántico.